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Introducción a la Mesa 5
MESA 5.- EN ESTE MUNDO CABEN MUCHOS MUNDOS
Relatoria final submesa A).- La realidad como barbarie: autoritarismo, genocidio, etnocidio, guerra civil
Los temas de esta submesa fueron discutidos por un total de alrededor de 35 compañeros, provenientes de Alemania, Bélgica, Canadá, España, País Vasco, Cataluña, Islas Canarias, Francia, Estados Unidos y Japón. Por México estuvieron representados: el Consejo Guerrerense 500 Años de Resistencia Indígena y Negra; la organización Xi Nich, de Palenque, Chiapas; el Comité Civil Zapatista 17 de Noviembre, del Distrito Federal; y el Comité Civil para el Diálogo "El Arco, Donato Guerra". La representación del EZLN estuvo formada por los comandantes Hernán, Daniela, Dionisio y Simón. Las intervenciones dieron un rico mosaico de experiencias muy diversas, de las formas en que la actual etapa de desarrollo del neoliberalismo a nivel mundial va ligada a la militarización y a la represión de las diferencias culturales y étnicas, de las minorías y de las disidencias. Hablamos de las formas que han adoptado diferentes luchas por resistir la opresión, la desigualdad, la discriminación y la negación de los derechos de los pueblos. Estas luchas han seguido múltiples caminos en el mundo, desde la lucha fundamental por la sobrevivencia y reproducción física y cultural, hasta la lucha por la autodeterminación, la autonomía y la democracia. No tratamos extensamente el tema del autoritarismo, aunque estuvo implícito en las discusiones; en cambio, hubo muchas más intervenciones acerca del racismo. De igual manera, hablamos más sobre el militarismo y de la guerra de baja intensidad, que de las guerras civiles. A continuación recuperamos de manera sintética las ideas que se expresaron sobre estos problemas. I. LAS CARAS DE LA BARBARIE I.1. El racismo El racismo es una de las bases sobre las que se construyen el genocidio y el etnocidio. La experiencia muestra que el racismo se expresa de muy diversas maneras en los diferentes niveles de la sociedad, y que uno de sus fundamentos más importantes son las desigualdades económicas. Una de sus múltiples expresiones puede darse a través de la legislación que define categorías de la población con base en características raciales y culturales, para no otorgarles iguales derechos. Tal es el caso, por ejemplo, de la Ley de Indios (Indian Act) en la Constitución de Canadá de 1867, que daba a los indígenas el mismo estatus que los niños y los débiles mentales, pues no les otorgaba el derecho al voto. Además la legislación los limitaba en sus manifestaciones culturales, espirituales, en la posibilidad de asociaciarse y desplazarse libremente, en la propiedad de la tierra, en los tipos de actividades que podían desempeñar, y los confinaba a territorios llamados "reservas". La Ley de Indios de Canadá sirvió como uno de los modelos para el sistema de apartheid en Sudáfrica, que representa un ejemplo extremo de la legitimación del racismo y la segregación de las razas. Por el sistema de "desarrollo separado", la población negra queda relegada a territorios supuestamente independientes, pero que en realidad son verdaderos enclaves coloniales cuyo papel es constituir la reserva de mano de obra para la minoría blanca que domina el país. No es lo más frecuente en el mundo que una legislación establezca un sistema de discriminación abiertamente racista. Pero sí lo más común es que las legislaciones no otorguen el reconocimiento a las diferencias culturales y étnicas, y que no permitan o no fomenten explícitamente el derecho a la expresión, preservación y desarrollo de las identidades de los diversos grupos que forman parte de los estados nacionales. Allí donde la legislación es discriminatoria, la lucha por modificarla constituye un primer paso. Pero en la mayoría de los casos, las legislaciones se basan en principios formales de igualdad; aparentemente no contienen elementos de discriminación- y sin embargo el problema estriba en la inexistencia de un auténtico estado de derecho por el que todos los individuos, sin diferencias de condición racial, socioeconómica o étnica, puedan ser plenamente ciudadanos. El racismo no es la única herramienta ideológica utilizada por quienes quieren conquistar o retener el poder, para justificar la muerte del otro, pero es una de las más usadas y eficientes. Por ello es importante identificar los medios que los poderes utilizan para fomentar y manipular el racismo entre sus poblaciones. Ello permitiría desarrollar estrategias efectivas en contra de la expansión del racismo. El éxito en esta tarea supondría privar al poder de una de sus armas más eficientes, más dolorosas e inhumanas. Por lo que respecta específicamente al neoliberalismo, hay que señalar que si bien no tiene como móvil el racismo sino la obtención de las ganancias máximas, las desigualdades económicas constituyen su base fundamental. Esta base es la tierra fértil sobre la cual se pueden sembrar las diversas expresiones del racismo y de los conflictos dentro de las poblaciones. Un fenómeno recurrente en la historia mundial es la culpabilización de un grupo con características étnicas y raciales particulares, cuando hay condiciones de crisis y de inseguridad social, económica y política. Los grupos estigmatizados pueden ser inmigrantes (por ejemplo los magrebíes en Francia, los mexicanos en Estados Unidos, turcos en Alemania, etc. etc.) o de cualquier otro tipo. Hermanos que viven en Estados Unidos nos alertan acerca del crecimiento que en ese país han tenido los grupos racistas, constituídos en torno a una ideología que exalta la supremacía de "la raza blanca". Estos grupos han ganado tanta fuerza que incluso han llegado a tener representantes en el Congreso de la Unión. Las condiciones de desempleo, los sentimientos de devaluación personal y la falta de esperanzas en el futuro, hace que muchos jóvenes sean fácilmente reclutables por estos grupos. I.2. Los nacionalismos xenófobos, un peligro para la paz En nuestra mesa también se hizo un llamado de alerta contra los nacionalismos que adquieren tintes de intolerancia y xenofobia, convirtiéndose en un peligro para la paz. Estos procesos son alimentados por poderosos grupos ligados a la industria de la guerra, interesados en fomentar los conflictos y el armamentismo para beneficio propio. Tal sería el caso de las luchas desatadas en la ex Yugoeslavia. Sería difícil convencer a serbios o croatas, o a quien sea, de que maten y violen para que sus dirigentes obtengan poder y beneficios económicos. Es necesaria la manipulación ideológica que fomenta el odio por otra raza o por otro grupo étnico. En síntesis, el racismo y la xenofobia sirven al poder como herramienta para movilizar a la población para hacerla ejecutora de sus políticas genocidas. Se trata de mecanismos utilizados de manera recurrente a lo largo de la historia. I.3. El genocidio Las formas en que se practican el genocidio y el etnocidio son múltiples. El genocidio abierto, por medio de guerras de exterminio, es lo que ocurrió por ejemplo con los indígenas de Norteamérica y de muchas regiones de Sudamérica. Sin embargo, éste se puede hacer de manera encubierta, dejando que los pueblos mueran de pobreza, enfermedad y hambre, como ocurre en México. Para matar a los pueblos no son necesarias las armas pues se mueren de enfermedades curables. A ésto se agrega la falta de acceso a la educación, por lo que los indios se encuentran realizando los peores trabajos en calidad de mano de obra no calificada y sobreexplotada. Además, los recursos naturales de sus regiones son explotados por compañías transnacionales, que se llevan las ganancias y dejan el desastre ecológico. Chiapas es un buen ejemplo de un estado rico, con una población mayoritariamente empobrecida. Genera electricidad para el resto del país y sin embargo sus comunidades indias o no cuentan con este servicio o tienen que pagarlo caro. Las presas hidroeléctricas ocuparon tierras cultivables que producían granos básicos. Algo semejante ocurre en Canadá, donde la sociedad considera que existe un autogobierno indígena y sin embargo la realidad es que el gobierno favorece a las transnacionales, permitiendo que expolien los territorios indios extrayéndoles recursos, empobreciéndolos. Para llevar a cabo las políticas genocidas, los gobiernos necesitan coartadas ideológicas que permitan que la población no directamente afectada guarde silencio y no reaccione. Este es el caso de Guatemala, donde se ha llevado a cabo un genocidio continuado y sistemático, generado por intereses político-económicos estadounidenses y ejecutado por el gobierno guatemalteco, ante la indiferencia general. I. 4. El etnocidio La desaparición de un grupo humano como tal también puede efectuarse por la destrucción de su cultura. El asesinato cultural de grupos étnicos ha sido el proceso más frecuente en la historia reciente de la humanidad. El etnocidio se define como la política de destrucción sistemática de la identidad cultural de un grupo; en tanto política del estado, no es un proceso espontáneo de cambio cultural. En esta submesa, se dieron numerosos ejemplos de etnocidio. Francia lo ha llevado a cabo con respecto a Bretaña, Córcega y Occitania. El gobierno franquista lo practicó con los catalanes y vascos. Inglaterra con los irlandeses, los galeses y escoceses. Los Estados Unidos y los países latinoamericanos lo han practicado en contra de sus poblaciones indias. Se observó que las sociedades heterogéneas desde el punto de vista étnico y cultural no suelen reconocer su pluralismo. En términos históricos, la tendencia ha sido a que un grupo imponga su dominio sobre los demás, sean éstos la mayoría o minorías. Entonces el grupo dominante identifica a la nación con sus propios intereses, y utiliza conceptos como "el interés nacional", "la unidad y la seguridad nacional", para reprimir a quienes se le oponen. La construcción de la nación sobre la base de la homogeneidad étnica de la población, frecuentemente desemboca en el racismo como ideología nacional, como ocurrió en la Alemania nazi. La escuela en muchos casos ha tenido un papel importante en la desaparición de las identidades culturales, prohibiendo el uso de las lenguas que no sean la oficial, y reprimiendo la expresión de los diferentes aspectos de las culturas: sus formas particulares de religiosidad, de música, de medicina. Un ejemplo de política dirigida a eliminar la cultura indígena a través de la educación nos lo da Canadá, con su sistema de internados para niños indígenas, establecidos a partir de 1965. Los niños salían de sus hogares a temprana edad para ingresar a hogares/escuela donde no se les permitía hablar su lengua y donde se les inculcaba un sentimiento de verguenza hacia su indianidad. No podían practicar sus rituales y hubo muchos casos de abusos físicos y sexuales. A los 18 años podían regresar a sus comunidades, pero para entonces ya habían perdido su cultura. La formación recibida preparaba a las niñas sólo para ser empleadas domésticas, y a los varones, para ser trabajadores de los niveles más bajos. La comunidad perdía así la costumbre de educar a sus propios hijos. Por haber recibido abusos, muchos luego reproducían estos comportamientos. Este sistema de internados continuó hasta 1970. Frente a las múltiples evidencias de etnicidio, se insitió que el respeto a la identidad cultural de los pueblos debe reconocerse como un derecho activo, que se traduzca en políticas de apoyo efectivo a su desarrollo cultural y material. Por ejemplo, las escuelas debieran ser lugares de profundización de la cultura propia, al mismo tiempo que lugares de intercambio de conocimientos, para evitar el peligro de repliegue de una cultura sobre ella misma, su aislamiento. I. 5. La guerra de baja intensidad En la primera sesión, el Comandante Hernán hizo un llalmado a la mesa a considerar las situaciones de guerra contra los pueblos, y expuso en particular las agresiones que han sugrido las comunidades indígenas de Chiapas. Las intervenciones al respecto condujeron a las siguientes conclusiones. Cuando los pueblos oponen resistencia a las políticas que los oprimen y marginan, los gobiernos utilizan toda su maquinaria militar y policiaca contra de ellos. La nueva modalidad del acorralamiento y hostigamiento con miras al control social y/o el exterminio, adopta ahora la forma de guerra de baja intensidad. Se trata de la ciencia represiva perfeccionada por Estados Unidos después de su guerra contra VietNam, utilizada en contra de los pueblos de Centroamérica y ahora aplicada a todo conflicto. La estrategia consiste en el hostigamiento constante, con el objetivo de intimidar, desmoralizar y desestabilizar a las comunidades de diversas maneras. Un ejemplo de esta política lo da el caso de los Navajo de Big Mountain, Arizona, a los que durante diez años una ley federal ha pretendido sacar de sus tierras para apoyar los intereses de las industrias del carbón y el uranio. Los soldados entran periódicamente a este territorio para matar a los borregos de los indios, con la excusa de que pasan el límite de un número establecido, y cortan los árboles de raíz para destruir el medio ambiente. En México, como en otros países del Tercer Mundo, el neoliberalismo se expresa de manera salvaje con respecto al pueblo. Al igual que en el resto del planeta, no está interesado en el bienestar de la población, la armonía, la vida humana. El estado se va retirando de sus funciones benefactoras y todos los servicios que daba tienden a privatizarse. Pero al mismo tiempo que la economía se abre, la política se cierra y aumenta la represión, pues el sistema no tiene más capacidad para hacer concesiones y entonces utiliza la fuerza. La guerra de baja intensidad adopta en México la forma de la militarización de las zonas indígenas, con el pretexto del combate al narcotráfico o la supuesta presencia de guerrilla. Al mismo tiempo que el gobierno "dialoga" con el EZLN, aumenta su presencia militar en Chiapas y en las demás regiones indígenas del país. Crece su aparato de inteligencia y da entrenamiento a jóvenes para formar grupos paramilitares, de manera que aún cuando el ejército se retire de las comunidades, éstas queden divididas. Lleva adelante una política sistemática de asesinatos de los líderes de las organizaciones civiles y de los partidos de oposición, y de intervención para dividir las comunidades y los pueblos y propiciar conflictos entre diferentes grupos. Aunque era claro que estas estrategias gubernamentales tienen un gran riesgo de causar guerras civiles, como las que ocurren en muchas partes del mundo, la mesa no abordó en detalle este problema. II. RESPUESTAS DE RESISTENCIA Y LUCHA II.1. Resistencia al militarismo El militarismo es una imposición de los gobiernos a los pueblos, que en el camino suele encontrar resistencias de los civiles. Es el caso del movimiento de los objetores de conciencia de España, que se negaron a hacer el servicio militar por razones de conciencia. Enfrentados con una legislación por la cual pueden ser enjuiciados e ir a la cárcel, el movimiento se transformó en insumisión a la ley, en desobediencia civil. Con el movimiento de insumisión se articulan diversos grupos de apoyo, culturales, juveniles, de padres y madres. El movimiento ha tenido éxito pues ha ido ganando fuerza, lo cual ha obligado al estado a cambiar su estrategia, aplicando una represión selectiva y sucesivas amnistías. Recientemente, el gobierno ha buscado modificar la legislación para inhabilitar a los insumisos de su derecho a votar y a desempeñar funciones públicas. II.2. La lucha por el derecho a la autodeterminación de los pueblos A partir de la Primera Guerra Mundial surgió el concepto de autodeterminación de los pueblos, el derecho que tienen a constituirse en estados independientes. Pero este derecho no es reconocido por todos los estados. Quienes participamos de esta mesa estuvimos de acuerdo en que la autodeterminación es un derecho humano, fundamental y colectivo, que debiera amparar a todas las comunidades étnicas, a todos los pueblos, estén dotados de organización política, de estado, o formen parte de estados supranacionales. Los estados, por encima de consideraciones políticas, deben admitir que como principio jurídico el derecho a la autodeterminación basado en las ideas de libertad y democracia, genera obligaciones al resto de pueblos y estados. El reconocimiento de este derecho sería la base para construir la paz allí donde hay conflictos. El derecho de los pueblos colonizados a configurar un nuevo estado por medio de la independencia resulta totalmente claro, inclusive su derecho a tomar las armas para lograrlo. Sin embargo, es cuestión en debate si las regiones culturales y socioeconómicas dentro de los estados europeos deben buscar su reconocimiento a través de autonomías que les permitan afirmar su lengua, una educación no represiva de sus tradiciones, o si deben buscar la separación total. El dilema puede verse en el hecho de que existen diferentes tendencias nacionalistas en el caso del País Vasco, unas radicales y otras moderadas. Por otra parte, recordamos el pensamiento de Franz Fannon, quien señalaba hace tiempo que las guerras de liberación pueden ser seguidas por nuevas formas de opresión que lleven a luchas fratricidas y guerras civiles. Alertaba contra el peligro de la reproducción del sistema de dominación y explotación dentro de los nuevos estados. Tal ha ocurrido en Argelia, varios países del Africa negra, y en todos los países americanos independizados del imperio español. La autonomía y la autodeterminación deberían entenderse, por tanto, como medios para la liberación de los pueblos, y no como un fin en sí mismas. De hecho, ninguno de estos proyectos ha garantizado la igualdad social definitiva, por lo que es necesario un proceso de renovación constante de las luchas , para lo cual se planteó en la mesa toda la gama de formas, desde las resistencias pacíficas hasta la revolución permanente. Por otra parte, además de vulnerar los derechos de sus propios grupos étnicos, hay estados que vulneran el derecho a la autodeterminación de otros estados. Tal es el caso del bloqueo a Cuba, o el que Estados Unidos se arrogue el derecho a emitir certificaciones que castigan en función de su política con respecto al narcotráfico. La globalización de las leyes represivas, que permite pasar fronteras en el afán de perseguir individuos o grupos, constituye otro ejemplo. II. 3. La autonomía, una propuesta de los pueblos indios para construir la democracia La autonomía que proponen para las regiones indígenas de México organizaciones como el Consejo Guerrerense 500 Años de Resistencia Indígena y Negra, y Xi Nich, discutida y aprobada por el Foro Nacional Indígena, tiene un sentido muy diferente del separatismo, pues busca replantear la relación de estos pueblos con el estado en términos de respeto y verdadera democracia, sin romper la unidad nacional. En México -- se argumentó-- no existe un régimen autonómico en la Constitución. Además, al igual que ha ocurrido en muchos países, las reformas constitucionales recientes han marcado un retroceso sustancial en cuanto al reconocimiento de los derechos de los trabajadores urbanos y rurales. Con el agravante de que en México se llega al extremo de que las garantías constitucionales individuales y colectivas son violadas cotidiana y sistemáticamente. Lo que el gobierno llama "estado de derecho" es en realidad una gran mentira. Por lo tanto, la democracia efectiva es todavía una idea subversiva, una aspiración a una vida digna -no lograda aún. Desde esta perpectiva, no puede haber autonomía sin democracia y la autonomía es la aportación india a la democracia. Lo que los indios mexicanos quieren no es una balcanización o la creación de reservas para la población indígena, sino un nuevo proyecto de nación que ponga fin a la marginación, la exclusión en que ha estado hasta ahora, garantizando la representación indígena en todos los niveles del gobierno. No se necesita tener doctorados para gobernar, sino conocer a profundidad los problemas y las necesidades de los pueblos. Para construir el regimen autonómico, es necesario conocer otras experiencias, pero no para calcarlas, pues aquí deberán tenerse en cuenta las condiciones específicas de cada región. La mayor parte del pueblo mexicano es pobre y lo que quiere es una vida digna. Un aspecto a subrayar, es que en el proceso autonómico se le asigna un papel fundamental a la mujer indígena, pues no habrá ningún regimen de autonomía libre y democrático si no se reconoce la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer. Ahora bien, se reconoció que un peligro real es que el gobierno utilice las autonomías como una excusa para desembarazarse de sus responsabilidades en la educación, la salud, la redistribución de los recursos, mediante la descentralización administrativa. De hecho, uno de los objetivos del proyecto neoliberal es atacar las funciones sociales, altruistas, de los estados, mediante la descentralización. Esto lleva a plantear nuevas alternativas y estrategias de lucha. Conclusiones: Cómo luchar contra el neoliberalismo, cómo parar el etnocidio y el autoritarismo, cómo alcanzar la paz El neoliberalismo ha globalizado la barbarie: es fábrica de pobreza para las mayorías, de destrucción de la naturaleza, de militarización y de guerras. Ha tenido éxito en dar bienestar a una minoría, pero una gran parte de la población no tiene cabida en su proyecto, queda marginada, desempleada, excluída. Fomenta la militarización como problema internacional y cuando una población se convierte en obstáculo para su avance, la elimina. Este Encuentro nos ha permitido constatar que el neoliberalismo afecta negativamente no sólo a los pueblos de los países atrasados, sino que también en los países avanzados -Japón, Estados Unidos y Europa- hay graves problemas de desempleo, opresión, desigualdades y falta de reconocimiento de los derechos de las minorías étnicas. Y está claro que no es posible llevar a la práctica el respeto real de los derechos políticos y los derechos humanos mientras hay fuertes desigualdades sociales y económicas.
Sólo los esfuerzos globales pueden contrarrestar la globalización neoliberal. Para ello debemos formar comités de resistencia contra el neoliberalismo en cada lugar, y lograr una unidad internacional contra el desempleo, la desigualdad y la militarización. Este encuentro debería encontrar maneras de lograr continuidad, para seguir sumando fuerzas para la lucha internacional. Esto implica la formación de redes que informen, que den a conocer las formas de resistencia y de lucha que se están dando, que den la voz de alarma en casos de represión y que llamen a la acción solidaria internacional allí donde se requiera.
1) Nos sumamos al llamado del EZLN para la construcción de un frente amplio internacional, "la intercontinental de la esperanza". A este frente hay que incorporar a más representantes de los países africanos y del sudeste asiático, cuyo escaso número hemos lamentado en este encuentro pues su experiencia es muy valiosa. 2) La formación de comités civiles de apoyo al EZLN y de solidaridad internacional con las luchas de otros pueblos oprimidos del mundo, es la única manera de evitar masacres. Debemos aprender de los zapatistas la capacidad de organizar y movilizar a sectores amplios. La solidaridad con estas luchas se convierte en una forma de resistencia en nuestros propios barrios y lugares de trabajo y acción, en contra del neoliberalismo y la creciente militarización. Pero la solidaridad internacional no debe limitarse a aquellas zonas donde ya ocurrieron conflictos, sino que habría que desarrollar mecanismos que permitan detectar y denunciar situaciones de injusticia antes de que estalle el conflicto. 3) Los medios de comunicación son un arma poderosa en el control de las conciencias, y constituyen un campo en el que debemos dar la batalla para romper con las campañas de mentiras y falta de información. Hasta ahora están mayoritariamente controlados por grupos de poder que ocultan los genocidios y con frecuencia deforman la historia. Han contribuído a la destrucción de la diversidad cultural, al imponer un único modelo cultural, dominante en todo el mundo. En el caso de México, los pueblos indios no son noticia a menos que se rebelen y/o tengan hechos de sangre, pues los medios están cerrados a su voz, a sus problemas y demandas. Al mismo tiempo que debemos exigir a los medios de comunicación información completa y veraz, debemos abrir espacios para estas voces silenciadas, esforzándonos para que la información alternativa llegue a cada vez más gente. Debemos construir la infraestructura que permita llegar a los rincones que hasta ahora han permanecido incomunicados, utilizando la tecnología más avanzada. Esto permitirá denunciar cualquier abuso que se cometa contra la población y las acciones rápidas para detener cualquier ofensiva represiva. 4) Compañeros de comunidades indias de México piden que las delegaciones europeas a este Encuentro comiencen a trabajar para que la Unión Europea abra espacios para escuchar a los representantes indígenas de todo el mundo. 5) Debemos adoptar nuevas formas de lucha por mejorar la condición económica de los pueblos más pobres. Una sería comprar productos no producidos por las transnacionales. Otra, promover un turismo alternativo, que acerque al conocimiento de las comunidades, sus formas de vida y de pensamiento. No obstante, estamos conscientes de que la solución real al problema de la explotación y el empobrecimiento de los pueblos pasa por un cambio radical de las estructuras económicas a escala mundial. 6) Queremos que este Encuentro incluya una condena a la militarización de las zonas indígenas de México y una denuncia al virtual estado de sitio que se vive en Guerrero y otros estados. Estas poblaciones sufren la violación cotidiana de sus derechos constitucionales y consideramos como crímenes de guerra las matanzas de civiles que han tenido lugar en los últimos años, como la de Aguas Blancas, Guerrero, en la que fueron asesinados 17 campesinos en una emboscada del gobierno. Como parte de este punto, exigimos el fin de los vuelos rasantes de hostigamiento al movimiento zapatista.
Relatoria final submesa B).- Nuevas y viejas identidades. Los "indios" del mundo entero. Relatoria final submesa C).- Murallas dividen el planeta: migración y exilio. En esta mesa, los trabajos se iniciaron con la asistencia de los comandantes Gabino, Eloísa, Eduardo y Pablo en su calidad de representantes del EZLN y participaron miembros de las delegaciones de Francia, Canadá, Italia, República Federal Alemana, España, Argentina, Uruguay, Estados Unidos y la comunidad chicana, quienes intercambiaron sus ideas y reflexiones sobre la problemática de la migración y el exilio a partir de sus propias experiencias, análisis, posiciones y acciones en sus lugares de origen. El diálogo se inició con una ponencia presentada por Pierre Beaucage, antropólogo canadiense, acerca de "La condición indígena y la solidaridad con Chiapas". Su tesis central radica en la idea de que, muy en contra suya, el neoliberalismo crea condiciones de acceso a la solidaridad indígena. Liquidada la división amerindia heredada del periodo colonial, los pueblos indígenas se dan cuenta de la comunidad de su destino y pueden desarrollar la solidaridad y crear las condiciones de un movimiento indígena. En la actualidad habría que plantearse si estas condiciones han cambiado y profundizar sobre el tema. Frente a la tendencia actual a aislar nuevamente a los pueblos indígenas en sus comunidades, es evidente la necesidad de consolidar y ampliar las organizaciones nacionales e internacionales. De ahí la importancia de encuentros como en el que estamos participando ahora que pueden ayudar a la creación de redes en las propias comunidades que unan pueblo con pueblo. ¿No sería ésta una forma de internalizar la solidaridad a nivel de las bases? Pido asilo Pospuesta la discusión de la tesis sobre las condiciones de solidaridad que el mismo neoliberalismo genera a pesar suyo, se expone directamente la urgencia de ampliar el concepto de derecho de asilo y pensarlo, no desde el punto de vista restrictivo de la Convención de Ginebra, sino en un sentido amplio: como derecho de todos los pueblos, no sólo de los indígenas, y al asilo no sólo político. Habría que flexibilizar el derecho de asilo para que incluyera el asilo económico y otros. Como el neoliberalismo divide a las personas entre los que tienen y los que no tienen, el derecho a la salud, a la educación, a la alimentación y a la vivienda tendrían que ser justificantes para pedir asilo. También debería serlo la represión masiva a un pueblo indígena, ya que los estados no consideran causa de asilo ni el etnocidio ni el exterminio cultural y niegan el asilo a la población indígena afectada. Esta idea amplía el derecho de asilo y vuelve fundamental el problema de las fronteras. Hay que defender una convención universal tipo la de los "Derechos del Hombre" que impida a los estados cerrar las fronteras a los que carecen de estos derechos fundamentales en sus lugares de origen. Los países llamados democráticos en la práctica no respetan el derecho de asilo porque para concederlo exigen requisitos que sólo reúnen unos cuantos. Una nueva condición creada por el neoliberalismo es la de "desplazado", que niega la existencia de la represión política real. Otra situación es la de las naciones sin Estado como es el caso de los kurdos. Hay otras situaciones reales, como los perseguidos por los escuadrones de la muerte, que los gobiernos no han aceptado como justificación de petición del derecho de asilo. En otros casos, se aceptan como causa del derecho de asilo las guerras, pero no los motivos económicos de las guerras: la pobreza. A veces, como en el caso de Guatemala, ante el exterminio físico provocado por la dictadura, gran parte de la población se interna en el territorio nacional, pero muchos otros, acorralados por el ejército, se asilan en un país vecino, como los guatemaltecos en Chiapas. Frente a estas situaciones, aunque los estados democráticos plantean el enunciado de un derecho de asilo, lo niegan a los que más sufren la persecución y la represión. Sin embargo, desde otra perspectiva, el derecho de asilo puede llegar a ser un parche que no contribuye a solucionar los problemas fundamentales de persecución política, introduciendo la categoría de "refugiados económicos" para sustituir a la de refugiados políticos. Esto negaría en muchos casos la dimensión política de toda petición de asilo. Por toda la discusión anterior se llegó a dos posiciones aparentemente contradictorias: la de abrir el derecho de asilo a poblaciones que sufren otras condiciones que no son sólo las del asilo político y la de condenar o denunciar el derecho de asilo como un parche que permite no enfrentar los problemas políticos internos del país del asilado. Políticas de asilo y de inmigración en países desarrollados Se planteó la situación de los países desarrollados europeos que no niegan el derecho de asilo, pero que como no pueden asumir el flujo de inmigrantes, recurren a conceder "ayuda para el desarrollo" a los países más pobres para que acepten guardar en su territorio a este flujo migratorio (caso de muchos países de Africa). En Italia, la organización "Racismo Stop" trabaja con prófugos de la ex Yugoslavia. El gobierno italiano facilita el ingreso de estos refugiados, pero los recluye en campos de concentración. El derecho de asilo se transforma así en una arma de doble filo y sólo la generosidad personal o alguna ONG puede ayudar a estos refugiados. El derecho de asilo no resuelve todo el problema: hay que propugnar cambios internos profundos en los países para que la gente no se muera de hambre en su propio país ni se vea obligada a emigrar. Porque hay una emigración que significa expulsión, aunque sigue habiendo otra motivada por el deseo de mejorar de vida, como es el caso de la zona norte de Africa, El Magreb, donde muchos emigran por cuestiones económicas y en busca de un mayor bienestar. La migración tiene efectos en las sociedades de acogida y las modifica notablemente, como en el Sur de Italia, donde los emigrantes constituyen ahora la fuerza de trabajo explotada, y en el Norte, donde trabajan en las fábricas que procesan desechos tóxicos o nucleares. El sistema capitalista neoliberal sólo puede funcionar con mano de obra barata procedente del Sur y de los países subdesarrollados. Derecho a la libre circulación Por otra parte, poder desplazarse y establecerse donde y cuando se quiera tiene que ser reconocido como un derecho fundamental. No se puede obligar a nadie a abandonar su país, pero tampoco se le puede prohibir establecerse en otro. Abrir el derecho de asilo y ampliarlo es una manera de oponerse al cierre de las fronteras. Esta tendencia es cada vez más acentuada debido al problema que representa para los países desarrollados el flujo migratorio generado por la miseria que produce el neoliberalismo. Para paliar este problema, los gobiernos establecen controles cada vez más salvajes en las fronteras y apoyan con dinero a las dictaduras para que sean ellas las que repriman a su propia gente (como es el caso de Marruecos). Las maniobras político militares de las grandes potencias también contribuyen a que estallen guerras intestinas (caso de Ruanda Burundi) que generan éxodos masivos. El problema del asilo, la migración y el exilio no es únicamente un problema moral y humanitario, sino que obedece a causas económicas, políticas, culturales y sociales más profundas, dado que ni el exilio ni la emigración responden a un acto voluntario de las personas sino que éstas se ven obligadas o forzadas a ello. Estas reflexiones condujeron a considerar el derecho de asilo y el derecho a la emigración como derechos humanos universales y a la necesidad de pugnar urgentemente por la eliminación de las causas de la emigración impuesta o forzada. No se debe obligar a nadie a abandonar su propio país. Más concretamente aún, el derecho a la libre circulación de un país a otro y a establecerse en el que se desee, sin que esto implique el desplazamiento del otro, es también un derecho humano universal que urge impulsar. También hay que introducir el derecho al asilo como derecho a ser protegido por otro (comunidad, pueblo, organización social, etc.), debido a que las fronteras no están abiertas sino para unos cuantos. En la práctica son sólo unos cuantos los que pueden disfrutar del privilegio de la libre circulación, principalmente los que detentan el monopolio del capital, pues para los poseedores de escasos recursos las fronteras se cierran. Arbitrariedad de las fronteras y el problema del nacionalismo Las fronteras son arbitrarias y están diseñadas para proteger a un "nosotros" de un "ellos": reproducen relaciones de dominación, subordinación y desigualdad. Las redes de solidaridad en sus nuevas formas de resistencia transgreden límites nacionales y culturales y han empezado a romper las fronteras que contienen la otredad y la diferencia en ghettos domésticos o a través de fronteras nacionales con una vigilancia y un control desmedidos. Del tema de las fronteras se llegó al problema del nacionalismo. Se indicó que el poder y el discurso del Estado se valen del nacionalismo para fabricar la justificación moral y política de cerrar sus fronteras, acusando a los extranjeros migrantes de todos los males que aquejan a la sociedad a la que llegan: drogadicción, desempleo, delincuencia, etc. El grupo alemán manifestó que entre la izquierda radical alemana hay consenso sobre el tema de las fronteras: "no las queremos", dicen. El nacionalismo interviene al inicio y al final de la cadena del exilio: la expulsión de minorías por razones económicas, pero también por puro racismo, es una de las causas de los exilios. Pero los exiliados no tienen la posibilidad de sentirse en casa: no tienen ni derecho al trabajo ni a la vivienda y son concentrados por las autoridades en campos de refugiados cuando no son directamente deportados. Los extranjeros que permanecen en Alemania se ven obligados a reunirse en ghettos porque no son aceptados por los ciudadanos alemanes y por eso se sienten mejor en los barrios donde viven otros del mismo país de origen (los turcos en un barrio, los yugoslavos en otro), donde son objeto frecuente de ataques racistas con argumentos siempre nacionalistas (xenofobia y racismo de los cabezas rapadas). El nacionalismo alemán siempre ha significado algo negativo, siempre ha servido para excluir y desacreditar a gentes de otros países, de otras culturas y de otro color. Esta ponencia generó un número considerable de reflexiones entre todos los participantes: desde preguntas, relatos de vivencias personales acerca de los nacionalismos, hasta consideraciones teóricas sobre el concepto. Se mencionó que en México -país con un gran orgullo nacionalista- existe discriminación contra el indígena porque el Estado es racista. En las escuelas se enseña que cuando llegaron los blancos trajeron mejores posibilidades, y aunque antes existían grupos indígenas, eran considerados parte del pasado, ruinas. Desde enero de 1994, los indígenas existen y nos dan una concepción más clara de lo que es el país. Desde el levantamiento zapatista los indígenas están vivos. Los zapatistas nos enseñan que todo cabe en un mismo espacio nacional si sabemos respetarnos. En México existen un montón de identidades. En la escuela se nos enseña que México es pobre porque somos flojos. Los niños son racistas porque el Estado lo es. Los únicos no racistas en México son los indígenas que escuchan y aprenden de todos. Se denunció que el caso de exilio más actual en México es el de la población de Guadalupe Tepeyac, Chiapas, que fue expulsada por el ejército federal y tuvo que subir a la montaña. Se señaló que en general el racismo es siempre producto del nacionalismo, pero también está relacionado con la economía. En los países occidentales, el nacionalismo también provoca que los pobres del país excluyan a los inmigrantes que son más pobres que ellos. En Francia viven en los mismos barrios populares tres categorías: refugiados con fuerte cohesión cultural como los del Magreb; grupos intermedios de dos generaciones que no logran integrarse del todo, y franceses de clase baja que viven en vecindades baratas y que tienen a otros por debajo de ellos a los que oprimen como si fueran la causa de su situación social desfavorecida. La política de la diferencia. Nacionalismo como resistencia e internacionalismo En la medida en que tengan una identidad cultural fuerte, las comunidades emigradas pueden crear una solidaridad entre sus miembros frente a prácticas excluyentes. Por otra parte, el nacionalismo también puede vivirse como una reafirmación de la diferencia, o sea, en sentido positivo y no excluyente. Las diferencias entre un tzeltal y un tojolabal no son excluyentes, no califican como superiores o inferiores a unos respecto de otros. Hay una identidad en la diferencia. El nacionalismo es profundamente ambiguo. No es un absoluto. Si hubiera respeto mutuo no existiría. Surge con los conflictos sociales y económicos. El nacionalismo reivindicativo y positivo es el del oprimido, el de aquel al que se le niegan sus propios derechos. Cuando significa la afirmación de la propia identidad frente a otros dominantes es un elemento progresista de emancipación, como en el caso de los kurdos, los palestinos y el país vasco. En estos casos el nacionalismo consiste en una defensa de los particularismos, una defensa frente al otro que es visto como amenaza. A esto se opondría el internacionalismo como valor central: lucha por la defensa de los otros, de las diferencias, reivindicación de la diversidad que enriquece y reclamo de las historias y las voces del "Otro". La noción hegemónica de que la cultura eurocéntrica es superior a otras culturas y tradiciones en virtud de su estatus de medida universal de la civilización occidental erradica voces e historias de los que en virtud de raza, clase y género son el Otro. Pero el centro eurocéntrico ya no puede absorber ni contener la cultura de los "otros" como algo amenazante y peligroso ni seguir relegando sus voces a los márgenes. En un intento de definición de nacionalismo se propuso la siguiente: es una forma de identidad cultural de un grupo que reivindica tener un poder de Estado. El elemento poder permite calificarlo de agresivo o defensivo. Alguien más propuso que el nacionalismo es una autoidentificación artificial de un Estado: por ejemplo, a pesar del nacionalismo, un mexicano del Norte es diferente a un mexicano del Sur. Pero -se planteó- la idea de identidad cultural es más vieja que las fronteras nacionales, aunque ambas son construidas. A algunos extranjeros les sorprendió oír por primera vez el himno nacional mexicano en Oventic, en un país que oprime a sus propios pueblos indígenas. Este ejemplo del zapatismo permitió medir las dimensiones de los movimientos indígenas: en Canadá y Estados Unidos, los indígenas mohawk reivindican la existencia de su propia nación y hasta su propio pasaporte. Aspiran a tener cierto poder de Estado. Se dijo que, en cambio, el zapatismo no se define como movimiento etno-nacionalista. Su base es multiétnica: tzeltales, choles, tzotziles, tojolabales, mestizos, todos somos mexicanos. Es un movimiento de clase, de gente pobre, su nacionalismo se refiere a México. Y tiene un componente político, propone un sistema social y político distinto, cierta forma de administrar las comunidades sociales. O sea, el zapatismo es una identidad compatible con la identidad mexicana. Es un movimiento incluyente y flexible que demuestra que el nacionalismo no es la única opción para los movimientos sociales. Ante la ambiguedad del término nacionalismo, se hizo un intento de definición de palabras como nación, que tiene connotaciones diferentes según origen, historia, comportamientos. El término Estado-nación plantea problemas en los casos en que no es democrático, o sea, cuando los gobernantes no representan a los pueblos que forman una nación. Se dijo que si rendirse no existe como palabra en la lengua tzeltal porque significa sumisión, ¿qué hacer con la palabra nación como término conflictivo que significa opresión? El nacionalismo, aun si es incluyente, implica fronteras. Si pudiéramos circular libremente de un país a otro, ¿qué pasaría con los nacionalismos? ¿Qué es una frontera? Si bien se opinó que las que fluyen de las culturas y de las lenguas son naturales, se consideró que las fronteras impuestas por los gobiernos no son aceptables. El capital y los ricos no tienen fronteras, sólo las tienen los pobres. Las fronteras son armas para controlar a la población, no son el límite entre identidades. Los nacionalismos imponen las fronteras como arma, pero las fronteras son sólo una barrera a las migraciones. Sin embargo, se observó que a partir de una crítica del nacionalismo como excluyente, se llega a una crítica de las fronteras y el neoliberalismo también está en contra de las fronteras. Hay que tener cuidado porque esto convierte la crítica de las fronteras en un discurso recuperable por el poder. Se aclaró que el neoliberalismo quiere eliminar las fronteras para el capital y asegurar la libre circulación de las mercancías, pero aumentarlas y cerrarlas para las personas. El TLC no permite la libre circulación de los trabajadores porque está establecido entre economías muy disímiles. Cuenta con la tecnología y el capital norteamericanos, los recursos canadienses y la mano de obra mexicana para consolidar el mercado interno estadunidense. Además de reforzar las fronteras externas, el neoliberalismo crea fronteras internas: entre las clases y entre las personas; entre los desocupados, el sector informal; entre los propios trabajadores: los de planta y los precarios. El Estado establece quién es la "verdadera nación", utilizando un concepto excluyente y arbitrario. Esta idea se inculca a la gente para que ella misma haga de policía. Frente a esta tendencia nacionalista, se propuso un concepto incluyente de nación como el reconocimiento de una historia, de una herencia cultural que se comparte con otros. La identidad cultural sería expresión de la diversidad y no sinónimo de nacionalismo. Se concluyó que lo problemático es el Estado y su nacionalismo, no la nación. Los ejércitos son peligrosos para una nación y necesarios para el Estado. El caso del ejército zapatista, que no tiene Estado, es un fenómeno excepcional. ¿Qué hacer para que en este mundo quepan muchos mundos? Todo lo anterior apunta en dirección a un proyecto alternativo al modelo de la sociedad neoliberal. El futuro al que aspiramos es que los pueblos conserven su identidad cultural, sus costumbres, sus modos de vida. Que haya diversidad porque la diversidad enriquece. En esta sociedad futura, los estados actuales y los ejércitos, no tienen cabida. Las identidades culturales diferentes pueden vivir unas junto a otras, efectuando todo tipo de intercambios, sin que se interpongan las fronteras y los ejércitos. Este mundo que forjamos no es para hoy o mañana, pero es necesario ir sentando sus bases. Propuestas como la libre circulación de las personas de un país a otro podrían romper con el sistema neoliberal. Los graves problemas actuales de los refugiados y la emigración generan impotencia para resolverlos. Frente a esto, se confirmó la necesidad de crear redes colectivas, o de recrearlas, para transformar este mundo y no caer en el desencanto y la impotencia. Estas redes son nuevas formas de resistencia que transgreden todo tipo de fronteras, nacionales y culturales. Se planteó que no podemos cambiar la economía mundial, pero podemos incidir en algunos puntos. Los ejemplos fueron numerosos: en Quebec, una empresa estatal de electricidad inundó kilómetros de territorio de comunidades indígenas, que fueron desplazadas. Cuando se quiso hacer una segunda presa, una campaña nacional e internacional en la que participaron indígenas y no indígenas, logró pararla. Los gobiernos deciden acciones con fines políticos y económicos. Se propuso crear redes de información-comunicación-acción contra esas políticas de exilio para que se sepa lo que se está haciendo en un determinado momento y así acabar con la impunidad. Una red internacional contra la expulsión de comunidades y personas en peligro podría cambiar algo en la conciencia del público. También es necesario crear un sistema económico alternativo que permita vivir a poblaciones discriminadas como la chicana, utilizando espacios ya existentes. Se insistió en aprovechar los espacios que a pesar suyo ha creado el neoliberalismo. Un ejemplo excelente es el aprovechamiento de la red de Internet por el zapatismo, que la utilizó para que la solidaridad internacional impidiera la represión. No hay que dejarse desanimar por los vientos malos de ahora y hay que utilizar los espacios que da el propio sistema. El zapatismo supo hacer conocer su lucha a todo el mundo. CONCLUSIONES Después de cuatro sesiones de tres horas cada una en las que recorrimos el camino del exilio y la emigración y manifestamos el deseo de acabar con las murallas que separan a países y sujetos, se llegó a las siguientes conclusiones: 1. Ante la condición actual de éxodo cada vez más masivo de pueblos e individuos emigrados, exiliados y desplazados, reconocemos la urgencia de llegar a una convención internacional que amplíe la Convención de Ginebra y que reconozca el derecho universal a un asilo amplio y motivado por causas no sólo políticas sino también económicas y ecológicas, con toda la protección que el asilo implica. 2. Ante el incumplimiento por parte del Estado neoliberal de sus responsabilidades de protección y otras con comunidades e individuos, reclamamos el derecho de grupos, organizaciones sociales, civiles, políticas y de otro tipo de dar asilo, proteger e informar a emigrados, exiliados y desplazados, ejerciendo así su libertad y autonomía, sin necesidad de que sus acciones pasen por la aprobación de los estados formalmente constituidos. 3. Ante la situación actual, producto del neoliberalismo, de cierre de fronteras y aumento de controles y de represión a los pueblos, acordamos que se reconozca como derecho humano universal el derecho de los individuos a circular libremente y a establecerse en el país que deseen, para acabar así con la rigidez de fronteras que intenta parar los flujos de migrantes. 4. Ante el nacionalismo agresivo y excluyente utilizado por el Estado neoliberal, creador de fronteras, racismo e intolerancia entre los individuos y grupos, reivindicamos la identidad cultural múltiple y flexible como expresión de la diversidad entre grupos humanos con riqueza y patrimonios culturales propios y como forma de convivencia respetuosa entre ellos. 5. La sociedad que estamos construyendo no recurre al uso de las armas tradicionales de los estados neoliberales, como son ejército, fronteras e ideología nacionalista, que implican invasión, discriminación y racismo. La sociedad civil que construimos es la encargada de recurrir a los medios necesarios para alcanzar sus fines, creándolos si es necesario. PROPUESTAS ESPECIFICAS DE LA SUBMESA. En el transcurso del diálogo y la discusión se expresó el deseo de hacer propuestas concretas de acción internacional que cada quien se pudiera llevar a su país y fueran importantes en todas partes además de en los Aguascalientes: - Promover redes de solidaridad que canalicen denuncias a violaciones de los derechos humanos. - Fortalecer las iniciativas existentes de ayuda a refugiados en cada una de las ciudades en que vivimos. - Como algunas emigraciones obedecen a desastres ecológicos (naturales o provocados), promover acciones que fomenten el crecimiento de una conciencia ecológica global que permita el respeto a toda forma de vida. - En la enseñanza, promover el interés por otras culturas y el intercambio intercultural organizando talleres con familias de inmigrantes que les permitan enseñar a otros sus propias culturas y valores. - Se propouso la realización de una consulta internacional para dar categoría de derecho universal a la libre circulación de un país a otro y al libre establecimiento en el país que se desee.
Relatoria final submesa D).- Resistencia y solidaridad. De lo local a lo global. Costumbres comunitarias, autonomía, liberación nacional, unión de los pueblos y red de las luchas del mundo. PANEL Todas las culturas y civilizaciones que no piensan morir aunque las maten PARA UNA INTERNACIONAL DE LA ESPERANZA
Filósofo y teólogo de la liberación Miembro del tribunal permamente de los pueblos y de la Coordinadora italiana de solidaridad con los pueblos indígenas ROMA-Italia
¡Compañeras y compañeros de la Comandancia! Tomar conciencia del momento histórico que vivimos Considero muy importante que tomemos conciencia del momento histórico que los hermanos zapatistas nos han llamado a vivir en este encuentro intercontinental. Para hacerlo, tenemos que ubicarlo en la historia del movimiento indígena, no sólo chiapaneco y mexicano, sino continental y mundial, que representa, a mi juicio, el acontecimiento más significativo y más esperanzador de este fin de milenio. Un acontecimiento llamado a incidir de manera determinante sobre la orientación del Tercer Milenio. Es evidente para todos los mexicanos concientes que la insurrección zapatista divide en dos partes la historia moderna de México: antes y después del primero de enero de 1994. Yo me pregunto además, y les pregunto a Uds., si la explosión del movimiento indígena continental y mundial de la última década no va a dividir en dos partes la historia moderna del continente americano y quizás de todo el mundo. Entonces, ubicar nuestro encuentro en la historia del movimiento indígena mundial significa ubicarlo en la historia del mundo. Significa interrogarnos sobre el papel de los pueblos indígenas en la evaluación de la civilización que los ha excluído y en la construcción de un mundo donde quepan todos los mundos. Los cinco Aguascalientes que acogen el encuentro intercontinental, construídos en comunidades indígenas y por comunidades indígenas, con el apoyo de la sociedad civil mexicana, son el símbolo y el anuncio de la nueva historia que empezamos hoy y a la cual nuestro encuentro intercontinental pretende contribuir. Por primera vez en su historia y en la historia del mundo moderno, los pueblos indígenas proyectan y edifican autónomamente vastos centros de reunión y de movilización política y cultural. Por primera vez en su historia y en la historia del mundo los pueblos indígenas de Chiapas convocan a sus hermanos de todo el país, planteando la urgencia de construir entre ellos una nueva unidad y por tanto una nueva fuerza histórica. Por primera vez en su historia y en la historia universal los indígenas convocan a todos los pueblos del mundo con el objetivo declarado de pronunciar una solemne condena de la civilización del mercado y de la muerte y de planear la construcción de una nueva civilización, donde todos tengamos el derecho de vivir, de pensar, de amar, de cantar y de soñar. La respuesta tan multitudinaria y entusiasta que recibió el llamado zapatista significa un reconocimiento universal de la autoridad moral y política del movimiento y particularmente de los pueblos indígenas que lo constituyen; significa que reconocemos el alcance universal de su movilización y de su perspectiva histórica, que les reconocemos a ellos un papel concientizador con respecto a toda la humanidad; que reconocemos el aporte que los pueblos indígenas, en la crisis actual de valores y certezas, le pueden brindar a la construcción de una nueva civilización. Tarea de nuestra mesa Dentro de esta perspectiva histórica, exigente y exaltante, nuestra mesa tiene una tarea fundamental. Nuestra tarea no es, me parece, la de repetir el trabajo realizado brillantemente por los hermanos zapatistas con sus invitados y asesores en la primera y la segunda mesa del diálogo de Sacamch'en. Tampoco nuestra tarea es prolongar el debate desarrollado con gran seriedad por 135 delegados de 44 organizaciones indígenas y 28 agrupaciones educativas, sociales y políticas reunidos en el Segundo Foro Nacional Indígena Permanente. Nuestra tarea se sitúa, por supuesto, en la línea de estos encuentros. Pero su carácter propio surge de su ubicación en la dinámica de un encuentro intercontinental y de los problemas que le plantea al destino de la humanidad en el Tercer Milenio. Nuestra tarea es la de definir el aporte que el movimiento indígena mexicano, continental y mundial le puede brindar a la construcción de una nueva civilización. Nuestra tarea es la de profundizar la toma de conciencia de que en la época de la globalización, no se puede pensar en una transformación del Estado mexicano que no conlleve una transformación del mundo: no se puede pensar en una liberación de los pueblos indígenas que no implique la liberación de todos los pueblos oprimidos. Nuesta tarea es la de proclamar, ante los horizontes mundiales de los problemas planteados por la insurgencia zapatista, la necesidad de una alianza mundial de los excluídos y rebeldes, construída alrededor de los pueblos indígenas insurrectos. Me parece que esta perspectiva universal y mundial es uno de los grandes rasgos del movimiento zapatista. Su convocatoria nacional e internacional procede de la capacidad que ha mostrado, no sólo de utilizar los medios más modernos de comunicación, sino de mostrar que los problemas impuestos por la marginación de Chiapas rebasan ampliamente los problemas indígenas e involucran a las grandes mayorías oprimidas del país; de mostrar que los problemas implicados en la marginación de Chiapas radican en el sistema económico y político que constituye el nuevo orden mundial. Leyendo los documentos muy ricos producidos por la primera y la segunda mesa del diálogo de Sacamch'en y comparando el punto de vista del ejército zapatista y el del Gobierno Federal, se descubre que uno de los objetos principales de divergencia es justamente éste: los zapatistas insisten en el alcance nacional y universal de los problemas y las reivindicaciones; mientras que el gobierno pretende circunscribir problemas y reivindicaciones a los indígenas de Chiapas. La consecuencia más evidente del contraste es que, donde los zapatistas piensan que los problemas sectoriales y locales no encontrarán solución sin una profunda transformación política, económica, social y cultural de todo el país, el gobierno piensa poder responder adecuadamente con pequeñas concesiones sectoriales y locales; y donde los zapatistas plantean la necesidad de una nueva constitución, el gobierno piensa salir del asunto con la reforma de algunos artículos. Uno de los grandes méritos históricos del movimiento zapatista es justamente el de haberle impuesto a la conciencia mexicana e internacional el tema de la convergencia profunda entre los sufrimientos, los problemas, las reivindicaciones de los pueblos indígenas y los de las mayorías marginadas de México y de todo el mundo; el de haber impuesto la evidencia que en la historia de hoy y de mañana, los marginados ya no son marginales. Al plantear la problemática indígena en una perspectiva mundial, sabemos que no nos estamos alejando de la realidad concreta y cotidiana, sino que más bien nos acercamos a ella en sus dimensiones más profundas; que encontramos las propias raíces de los problemas y los sufrimientos. Sería un grave error estratégico de parte de los que luchan seriamente por el cambio, si en el nombre de lo concreto y de la práctica, les dejáramos definitivamente a las fuerzas imperiales el papel de liderar el mundo y de determinar nuestro futuro. Al contrario, nuestra encuentro internacional, al proponerse como objetivo el cuestionamiento del neoliberalismo, cuestiona por eso mismo la organización actual del mundo. Pero sobre todo, al proponerse como objetivo la búsqueda de alternativas al neoliberalismo, pretende, como perspectica lejana, pero efectiva, planear una nueva organización política y económica del mundo. El fatalismo contra la esperanza Sabemos perfectamente que, al plantear los problemas con esta amplitud y radicalidad, no los estamos haciendo más sencillos sino mucho, mucho más complejos. Cuando se descubren, sobre la base de análisis objetivos, las dimensiones inmensas de los problemas que tenemos por delante, es muy fuerte la tentación de pensar que, en último término, son problemas insolubles. Estalla así un conflicto agudo en cada conciencia y en la conciencia del mundo, un conflicto entre el fatalismo y la esperanza. El conflicto quizás más grave y más decisivo de la historia actual. La cultura que el neoliberalismo pretende imponerle al mundo es la cultura del fatalismo. El fatalismo y la desesperanza se han convertido en la sustancia del llamado "pensamiento único", que domina el mundo de hoy y lo paraliza. Su éxito más decisivo y más trágico, es la convicción que ya penetra la conciencia y lo inconsciente de las grandes mayorías, de que este sistema ya no tiene alternativa, de que es la última palabra de la historia. Es una convicción trágica para las grandes mayorías, porque significa que no hay, definitivamente, una alternativa de vida al sistema. Es una convicción que ha penetrado también, en estas dos últimas décadas, la conciencia de muchos militantes y exmilitantes, que han abandonado los ideales y la pasión política de su juventud, se han convertido al realismo y han caído en el desencanto. Es una convicción que ha penetrado inclusive en la cultura de la izquierda de nuestros países, que, aceptándola ha perdido su identidad, su razón de ser; que ha sufrido así su derrota final. ¿Qué significa hoy, en muchos de nuestros países, ser de izquierda? Muy poco, casi nada. Me pregunto si la escasa presencia de la izquierda oficial en este encuentro contra el neoliberalismo no significa que muchas organizaciones, supuestamente de izquierda, han dejado de luchar contra el liberalismo y han subido sobre el carro del triunfador. ¿Por qué los zapatistas y los indígenas del mundo se movilizan? En este contexto internacional, cobra todo su sentido el llamamiento del ejército zapatista a formar aquí la internacional de la esperanza. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿Con qué derecho los zapatistas le lanzan al mundo un llamado tan paradójico y tan anacrónico? Yo diría: con el derecho que les confiere su movilización y la de tantos indígenas del país contra la dictadura nacional e internacional del mercado. Con el derecho que les confiere la movilización de los pueblos indígenas de todo el mundo contra el sistema de muerte. Con el derecho que les confieren estos 504 años de resistencia a una civilización genocida y etnocida. Y es más que legítimo preguntarse además: ¿Cómo se explica que los zapatistas perfectamente concientes de la complejidad de los problemas que plantean, perfectamente concientes de la desproporción que existe entre sus fuerzas y las de su enemigo principal, el bloque imperial supranacional, perfectamente concientes de la imposibilidad de un triunfo militar, se atreven sin embargo a jugar su vida en una lucha tan desigual? La misma pregunta surge a propósito de todas las luchas que en varios países del continente y del mundo los pueblos indígenas están desencadenando. Su extrema inferioridad política, militar y económica frente al enemigo es una evidencia general. Sin embargo, especialmente en la última década, ellos insurgen, se movilizan, se organizan, luchan, caen y se levantan. Por supuesto, luchan para vencer; luchan porque confían en su fuerza y en la de sus aliados; luchan porque esperan contra toda esperanza. Ellos piensan, y acaban de reafirmarlo en la inauguración de este encuentro, que un sistema de opresión no puede ser eterno; que la fuerza del derecho, la justicia, la solidaridad, el amor, acabarán con triunfar sobre el derecho de la fuerza; que David (¡el comandante David!) acabará con triunfar sobre Goliath. Ellos piensan que si el triunfo militar no es posible, sí lo es el triunfo moral y político. Es muy importante, me parece, que nuestra solidaridad con el ejército zapatista se manifieste también valorando ante la opinión pública internacional la estrategia esencialmente noviolenta y antimilitarista de este movimiento guerrillero. Si bien es cierto que los zapatistas tuvieron que tomar las armas para poder tomar la palabra, es evidente que para transformar la sociedad mexicana y para construir un mundo nuevo, ellos no apuestan sobre la fuerza de las armas sino sobre la fuerza del derecho. Y en nuestro encuentro intercontinental, una de las cosas que más impresionan es el contraste entre la pobreza de los medios y la riqueza del ideal que perseguimos. Por lo demás, esta opción ético-política y estratégica no es propia al ejército zapatista, sino común a la gran mayoría de las organizaciones indígenas. Compartir la esperanza zapatista Ahora, nuestra solidaridad con el ejército zapatista y con el movimiento indígena mundial sería bastante débil, si nos limitáramos a apoyar su lucha sin compartir su esperanza. Este me parece el sentido profundo del llamado zapatista a construir, en nuestro encuentro intercontinental, la internacional de la esperanza. Los zapatistas saben que el derecho, la justicia, la solidaridad, el amor se convierten en fuerzas históricas transformadoras y liberadoras, solamente si llegan a penetrar la conciencia de grandes masas y a movilizarlas. Si además estas fuerzas históricas pretenden ser el punto que levanta y transforma el mundo, es necesario que ellas penetren y movilicen la conciencia de los oprimidos de todo el mundo. Es necesario que ellas logren construir, alrededor de los zapatistas y de los indígenas de todo el mundo, un nuevo bloque popular, contrapuesto al bloque imperial del Norte. Es este nuevo bloque popular de alcance mundial, me parece, el contenido político y moral más profundo de la internacional de la esperanza que queremos fundar. Este encuentro tendría realmente una importancia enorme para el futuro de la humanidad, si todos saliéramos de aquí compartiendo plenamente la esperanza zapatista, la esperanza indígena. Si saliéramos de aquí compartiendo la convicción de que una alternativa al sistema de muerte es posible, que todos juntos podremos construirla, que nuestro mismo encuentro es una piedra importante en la construcción de un nuevo futuro; si saliéramos de aquí decididos a difundir el mensaje zapatista de esperanza entre todos los hermanos y las hermanas del mundo, especialmente los que, después de años de militancia entusiasta, han caído víctimas del desencanto y la desesperación. Si saliéramos de aquí gritando, con profunda convicción, "¡todos somos indios! ¡todos somos zapatistas!" Muchos de nuestros compatriotas nos recordarán que esta esperanza está completamente fuera de tiempo. Que ella contradice el "pensamiento único", es decir el pensamiento del hombre moderno, del hombre normal. Nos dirán que compartir la esperanza zapatista es compartir su locura. Entonces, sí. Queremos que de nuestro encuentro salga una gran conspiración de los locos, si es cierto que sólo los locos hoy día son capaces de esperar y de luchar por un mundo donde la exclusión deje de ser lo normal; por un mundo donde quepan todos los mundos. La esperanza zapatista e indígena nos recuerda un mensaje del revolucionario ruso Bakunin: "Es apostanto sobre lo imposible que, a lo largo de la historia, se ha avanzado en el descubrimiento y la realización de lo posible. Y todos los que se han contentado con creer en lo posible no han avanzado de un solo paso".
¡VIVA LA INTERNACIONAL DE LA ESPERANZA!
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